Funambulista imposible

Las crónicas del Otro Mundo

Penélope esbozaba una mueca vacía, carente de significado.

Estaba ensayando que sonreía.

Lo hacía porque ya no recordaba cuándo había sido la última vez que había perfilado aquel gesto alegre. Estaba claro que era una expresión que mostraba a menudo, como complemento de su vida diaria: como comparsa de su agradecimiento verbal al recibir la hogaza que le extendía el panadero, o adherida al leve movimiento de cabeza que sustituía a un saludo explícito al cruzarse con algún vecino. No obstante, era incapaz de evocar una ocasión reciente en la que aquel visaje aflorase como una manifestación de felicidad.

Aquella era una verdad aciaga. Sin embargo, no la pillaba por sorpresa.

Era un pensamiento muy triste porque muy triste era como se sentía.

Y aunque en la realidad de aquel día nada había cambiado, algo dentro de ella insinuaba que sí.

Tal vez fuese tomar conciencia de dicha evidencia, la…

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