Obertura

De literatura y otras palabras

La máquina de café barrita como un elefante y el camarero se agarra de la manivela, mirando a un lado y a otro con cara de eficiencia circunstancial. Una gota de sudor resbala por su sien morena, la papada reventona se le aprieta encima de la pajarita. Mientras, el vapor silba y los que van a la ópera siguen amontonándose en la barra, merendando a toda prisa, perfumados y bien vestidos, colonia y laca, visones y bisutería fina. El camarero sirve los cafés en tanto se recrea de soslayo en los clientes, quizás para bien, quizás para mal, los mira y los envidia, o quizás los mira y los detesta. Casi todos ellos lo han oído ya hablar, qué desea el señor, ahorita mismo señor, por supuesto señor, y las eses torpes lo han delatado, y la música de su voz, su voz melosa, y su posterior falta de pericia…

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