El relato del viernes: «Se nos escapa el tiempo»

Ana Centellas

Fuente: Pixabay

Se nos escapa el tiempo

No me gusta mirarlo, lo reconozco. Me disgusta hacerlo porque, cuando lo miro, puedo contemplar aquello en lo que yo misma me he convertido. Es como si su rostro se transformase en la pulida superficie de un espejo que me devuelve una imagen fiel de mí misma. Que devuelve mis mismos gestos de cansancio, mis mismas miradas apagadas. Un reflejo de las mismas arrugas, las mismas bolsas, las mismas ojeras, la misma flacidez en la piel en aquellos lugares en los que un día solo hubo lozanía y belleza. Por eso, en ocasiones, rehúyo su mirada. Para no volver a asomarme a la calma superficie de ese estanque que son sus ojos, cubierta ya por el agrio limo de la decrepitud temprana.

Tampoco me gusta escucharlo porque es como seguir escuchándome a mí misma, hora tras hora, minuto tras minuto, segundo tras segundo…

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