Álbum de oro, tardes de domingo

De literatura y otras palabras

Languidecía la tarde infinita de la infancia, asomada a la ventana de mi habitación. Tarde de domingo, luz renovada de cambio horario. Del otro lado de los edificios, la calle subía hacia remotos paisajes imaginados por mi mente desde el primer uso de razón. Otras veces había imaginado ese paisaje bajo un cielo gris y pesado, mañanas de domingo distantes en el tiempo y el espacio, lluvia que descargaba sobre parques que nunca existieron. Estaban allá arriba, en el extremo de la realidad, del otro lado de la calle. Ahora simplemente se esfumaban al soplo fresco de la tarde de primavera, desvelando realidades nuevas, promesas que asomaban desde lugares apenas conocidos.

En la tele de la salita, del otro lado de la pared, sonaba la cantinela semanal: «De domingo a domingo pensando en ti, de domingo a domingo esperándote. Y vuela, la semana vuela». Yo escuchaba a ráfagas esa melodía…

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